Creo que tengo el corazón fuerte. Si de esta hemos pasado sin infarto coronario, me parece que tardaré mucho en pasarme por el cardiólogo. De nuevo en el Bar Canapé, junto a la parada de metro del Clot en Barcelona, nos reunimos un numeroso grupo de culés (y merengues que se alegraron de la victoria), dispuestos a soñar con otra final.Sinceramente no me gustó inicialmente la idea de Pep, colocando de central a Touré. Pensaba que Cáceres podía coger la responsabilidad y dejar al marfileño en su puesto habitual.
El encuentro empezó según lo esperado, el Chelsea presionando fuertemente el centro del campo culé, e intentar que Messi no recibiera con comodidad. Después de unos minutos de tanteo, un balón rechazado por la defensa azulgrana, es empalmado por Essien hacia la porteria de Valdés. El balón tras tocar en el larguero, se introdujo por la escuadra. Fue tan bello como casual, pero volvíamos a estar por debajo en una semifinal de champions como el año pasado. Valdés fue el héroe en esta primera mitad, defendiendo con acierto las embestidas inglesas.

En el segundo tiempo pensaba que cambiaría la película, pero no fue así. El Chelsea bien atrincherado, esperaba una contra para finiquitar la eliminatoria. En una de ellas, Drogba tuvo el 2-0 pero V.V. desvió con su pie. Los atacantes ingleses reclamaban una y otra vez penalty en las jugadas dudosas y encima Abidal fue injustamente expulsado, tras un piscinazo de Anelka. La verdad, no habíamos chutado a puerta durante todo el partido, y pintaban bastos. En un escarceo por la banda derecha, Alves centró el balón, tras pasar por Eto'o, y Messi llegó a D. Andrés que golpeó con furia y un grito de alegría se apoderó en nuestros corazones. Quizá fue el peor partido realizado por nuestro conjunto, pero por fin, el fútbol hizo justicia...



